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Digan lo que digan, diciembre es un mes especial. Los niños están más nerviosos y alegres, la casa se viste de gala para recibir a familiares y amigos, se nos hace la boca agua pensando en el menú de las fiestas y se nos descuelga una sonrisa pícara cuando nos hacemos con el regalo perfecto para esa persona tan importante… Habrá que volcar entonces un poco de magia por el ambiente.

El primer paso es elegir los colores predominantes de nuestra decoración, que presidirán tanto el árbol como el Belén: gris plata, amarillo oro, rojo, púrpura, verde oliva, fucsia o blanco, que este año es tendencia. Los tonos de la Navidad son muchos y diferentes, escoge dos o tres que combinen u opta por un popurrí estudiado. Las dos posibilidades son válidas.

A continuación, es importante mantener un estilo. Si la casa es rústica, apuesta por la rafia, la madera y los motivos campestres. Si hay niños, puedes darle un toque infantil dejando que ellos mismos creen y dibujen algunos motivos con fieltro o cartulinas. Para un ambiente lujoso, combina toques metálicos y brillantes. En todo caso, recuerda que menos es más.

Con la base definida, ya podemos empezar:

Teniendo en cuenta la cantidad de horas que vamos a pasar en casa lo más importante es conseguir un ambiente acogedor. Puedes crear rincones especiales con lamparitas y velas, dejar mantas de salón a juego sobre los sofás y llenar los huecos con cojines de estampados variados. Las alfombras también juegan un papel fundamental albergándonos del frío suelo.

En cuanto al árbol de Navidad no tiene por qué ser el tradicional abeto, puedes hacer uno con cartón, con piezas triangulares de gomaespuma forradas con retales de papel pintado o tela y pegarlo a la pared o sacarle partido a tus vistosas plantas. El belén también lo hay de mil y un estilos: clásico, abstracto, con un punto de humor…

Por otro lado, una pecera vacía de cristal, un jarrón transparente o una bonita bandeja pueden servirte como expositores de bolas de Navidad; en una repisa o estantería lucen estupendamente las tarjetas de felicitación que hayas recibido y un ramo de flores secas o silvestres anima el mantel de cualquier mesa. Si apuestas por los muñecos, con moderación, no coloques más de uno en un mismo espacio.

También puedes sacar algunos calcetines coloridos de los niños del cajón, rellenarlos de algodón y sujetarlos con pinzas en una balda a la espera de Papá Noel.

Pensando en manteles es interesante la combinación con caminos de mesa, puedes colocar uno que la atraviese  longitudinalmente por el centro y poner bajo cada plato un salvamantel o comprar varios cortos para que vayan de un comensal a otro a lo ancho de la mesa. Otra opción es utilizar bajoplatos que destaquen el color de la vajilla. Esta última debe ser vistosa y elegante. Los servilleteros los puedes diseñar tú personalmente con lazos, cintas, cordones o cadenitas de las que usas para el árbol.

 Desde luego, no hay excusas para que no saques tu creatividad a relucir.

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