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Miró el reloj colgado en la pared y se dio cuenta de que no tardarían en llegar. Rellenó la panera y la dejó sobre la mesa del comedor. Echó un vistazo rápido para comprobar que todo estaba en orden. No faltaba detalle.

Se dirigió hasta el cuarto y empujó cuidadosamente la puerta que estaba entornada. Apoyado en el marco observó cómo Carmen daba el pecho a Jorge. Prácticamente se había quedado dormida. Desde que habían vuelto del hospital, el niño no les había dado tregua ni una sola noche.

Sonó el timbre. Como siempre, habían llegado puntuales. Luis, dentro de la rigidez que marcaba su día a día, no se permitía ni un minuto de retraso. Y Lola se había adaptado como un guante a él y a su ritmo castrense desde hacía 41 años, los mismos que llevaban casados.

Los acompañó hasta el cuarto del bebé, que ya dormía en la cuna mientras Carmen lo acurrucaba. La abuela se apresuró a investigar bajo las mantas, mientras el abuelo se fundía en un abrazo con su hija. Era su favorita. Ninguno de los cinco nietos que tenía, ni de sus otros dos hijos le había robado el corazón. Le pertenecía a Carmen desde siempre.

Se sentaron a la mesa y mientras madre e hija comentaban detalles sobre el pequeño, Luis, absorto, pensaba otra vez en cuál era el motivo por el que Carmen había decidido compartir la vida con ese hombre. Estaba convencido de que él fue quien influyó para no celebrar una boda tradicional. No veía el fútbol y no tenía ni idea de cambiar un enchufe en casa, en las reuniones familiares prefería inventar juegos para los niños en el jardín que participar de la tradicional partida de mus de sobremesa y su pasatiempo predilecto era cocinar.

El rico aroma que provenía de la fuente que se acababa de posar en el centro de la mesa sacó a Luis de su ensimismamiento.

-Espero que lo disfrutéis. Aquí tenéis conejo en salsa de estragón y sidra. He preparado la receta siguiendo las indicaciones de uno de mis blogueros preferidos, El Comidista. Es el hermano de López Iturriaga, el ex jugador de baloncesto, ¿sabéis?

-Juan prepara muchos de los platos que se publican en ese blog- apuntó Carmen- ¡Así me estoy poniendo de redonda! ¡Entre el embarazo y las tentaciones, esto es un descontrol!

-¡Venga, vamos, no dejéis que se enfríe! – los animó Juan.

La verdad es que estaba sabroso, pensó Luis, muy sabroso. No cocinaba mal su… ¿yerno? Le costaba aceptarlo como tal, pero había acabado por ceder ante la insistencia y los argumentos de Lola, siempre tan conciliadora. La miró y pensó en si Juan llegaría a querer tanto a su hija como él quería a su mujer. Pensaba que era difícil, diría que imposible. Igual o tanto como aproximarse al sabor que conseguía Lola en sus guisos. Y en eso sí que no daría su brazo a torcer, por mucho que ahora estuviera de moda cocinar siguiendo las instrucciones que salían de un ordenador.

LA RECETA:

-La podéis encontrar más arriba pinchando en el enlace donde aparece el nombre del plato. Os llevará directamente a la publicación de El Comidista.

-Cuando la preparé, decidí acompañarla de arroz en blanco. Me parece que es una guarnición que le queda estupendamente. Os dejo mi receta. Os gustará incluso solo:

.En la olla donde lo vamos a cocinar, preferiblemente chata, echamos un chorro de aceite de oliva,a poder ser virgen.

.En él rehogamos media cebolla sin picar, un diente de ajo sin pelar, una o dos ramas de perejil fresco y una hoja de laurel.

.Dejamos que estos ingredientes se doren ligeramente y añadimos el arroz (yo cuento dos pocillos de café por persona, aproximadamente). Si os sobra podéis guardarlo y utilizarlo para una ensalada.

.Rehogamos el arroz unos minutos a fuego medio y a continuación añadimos el agua en ebullición. Yo echo dos pocillos de agua por uno de arroz y al final uno de propina. Es decir, si echo cuatro pocillos de arroz, regaré con nueve de agua.

.Quitamos la cebolla, el ajo y salamos. Removemos bien y dejamos que el arroz cueza a fuego bajo hasta que se seque, con la tapa ligeramente inclinada. Durante este proceso no debemos removerlo.

.Una vez cocinado, debemos dejarlo reposar unos minutos para que termine de abrir, pero siempre alejado del fuego, esto es muy importante en caso de que tengáis cocina vitrocerámica o de inducción. De lo contrario, el arroz acabará por tomar una textura muy desagradable y nada sabrosa.

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