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Cuando la realidad es amarga, aumenta la demanda del género fantástico, para placer de los “escapistas” habituales, que adoramos la imaginación y lo irreal. Gracias a ello se ha llevado a la televisión la saga de “Juego de Tronos”, junto con otras series, como “Alphas”, “Grimm” o “Érase una vez”. Además, saldrá en noviembre la versión cinematográfica de “El Hobbit” y se está preparando la continuación de “Los Juegos del Hambre”, “En llamas”. Para los que ya hayáis visto la primera película y seáis fans, podéis ver un adelanto del argumento y las últimas novedades en el reparto en Blog de Cine.

Yo hace poco que vi la primera parte. No tuvo buenas críticas. El argumento en sí, adolescentes que se matan unos a otros, tampoco era muy agradable y muchos decían que la obra recogería el testigo de la saga “Crepúsculo”, o al menos eso pretendía la productora Lionsgate,  así que, para empezar, ya tenía mis reticencias. Sin embargo, mi hermano, de 21 años, me dijo que le había gustado mucho y él pocas veces comenta algo de una película. “La veré”, le prometí y no me arrepentí de ello.

Basada en los bestsellers de Suzanne Collins, la historia nos lleva a una nación, Panem, en un mundo futuro, donde la comida escasea y los pocos habitantes que hay -después de una devastadora guerra que no explican mucho- están distribuidos en 12 distritos, empobrecidos y gobernados por la capital, una gran ciudad tiránica y opresora, llena de lujo y riqueza.

Uno de sus métodos de control, para garantizar la relación de vasallaje, evitar las revueltas y promover el sentido de inferioridad de la clase baja, es la organización de los llamados Juegos del Hambre. En ellos toman parte un chico y una chica adolescentes de cada distrito, elegidos al azar o voluntarios, al que representarán en un concurso de televisión donde lucharán por sobrevivir. Para conseguirlo, tendrán que matarse entre ellos, porque sólo puede quedar uno al final.

El escenario es un área boscosa de varios kilómetros, controlada por ordenadores y llena de cámaras, para que nadie se pierda ni un minuto de lo que está pasando, mientras lo retransmiten en directo para todo el país.

Según los organizadores del programa, estos enfrentamientos sirven para rememorar esa gran guerra del pasado y cómo, después, los supervivientes optaron por establecer la paz, creando el sistema actual de gobierno que tienen. El que gane, sea de donde sea, volverá a casa como un héroe, en un alarde de triunfo para su tierra.

Dicho esto, ¿por qué me ha gustado? Bueno, hay escenas duras, pero no se muestran directamente, se sugieren, así que te sube la adrenalina, pero no cierras los ojos. Gracias a ello, se plantea bastante bien un tema complicado como es la violencia en el ser humano: ¿el hombre es un lobo para el hombre y estamos abocados a la destrucción o podemos mejorar y evolucionar nuestra bondad para lograr un futuro mejor?; ¿nacemos buenos y nos hacemos malos o a la inversa?; ¿qué papel juega la sociedad?; ¿quién es peor, el que da la orden de matar o el que lo hace por culpa de esa orden?

No son cosas nuevas, “El señor de las moscas” y “El show de Truman” ya habían manejado esos hilos de forma magistral, pero, sin hacer comparaciones con ellas, me gusta el enfoque juvenil.  En eso, el puntito de inspiración de Crepúsculo le viene bien, ya que incluso lo mejora, sin hacer que la trama gire por completo alrededor del amor –por lo menos, en esta primera parte. Eso se consigue gracias al carácter de la protagonista, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence), una chica luchadora y con unos sólidos valores que no duda en defender. Junto a ella, también destaca Peeta Mellark (Josh Hutcherson), que demuestra muy poca fe en él mismo y que irá cambiando con el curso de los acontecimientos y las diversas estrategias que siguen sus jóvenes competidores.

Sí que tengo que criticar la volátil aparición del mejor amigo de Katniss, Gale Hawthorne (Liam Hemsworth), al que dejan totalmente colgado de cara a la continuación de la película. Cosas inexplicables, como el que hayan decidido meter niños entre los jugadores, cuando la edad mínima para concursar son los doce años. Querían aumentar el dramatismo… Gracias a eso descubrimos a Amandla Stemberg, una pequeña gran actriz que inspira ternura e inocencia a través del personaje de Rue.

Saltando esto por alto, otros papeles interesantes son los de algunos secundarios. Pese a sus breves frases, estas son cruciales para el guión, empezando por el presidente Snow (Donald Sutherland), el esperpéntico presentador, Caesar Flickerman (Stanley Tucci), el vigilante jefe de los juegos, Séneca Crane (West Bentley), la superficial asistente, Effie Trinket (Elisabeth Banks) y el mentor de los protagonistas, Haymitch Abernathy (Woody Harrelson) También resulta gracioso ver a Lenny Kravitz de encargado de vestuario del programa. Ellos y los decorados de la ciudad, aportan una visión rococó y moderna del futuro muy particular, con mucho circo y color, que me atrae especialmente.

La película, en total, dura dos horas y dada la amplitud del tiempo, el director, Gary Ross, podía sacarle más tajada al argumento y pulir esos debates morales que plantea, pero como siempre, la taquilla manda y si puedes hacerlo rápido y espectacular, para qué romperte la cabeza… De todas formas, ni te aburres ni percibes el paso del tiempo, hasta el final creo que necesitaba más espacio todavía, pero eso deberíais juzgarlo vosotros y después hablamos si queréis. Hasta entonces, Felices Juegos del Hambre y que la suerte esté siempre de vuestra parte.

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