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Cuentan que el brownie nació por casualidad en Nueva York cuando a un cocinero que pretendía hornear una tarta de chocolate se le rompió el bizcocho en varios pedazos, además de haberse olvidado de añadir la levadura. Aún así, decidió no desaprovecharlo y lo sirvió en porciones cuadradas. Y el triunfo, como os podéis imaginar, fue inmediato y duradero. Tanto, que hoy seguimos disfrutando de estos pastelitos.

La verdad es que hay infinidad de recetas de brownies y para gustos están los sabores, pero los más exquisitos los probé en la ciudad que nunca duerme. Creo que no hay ni una sola bakery que los haga mal… ¡Madre mía, ya estoy salivando!

Para que os animéis con este postre os dejo una de las recetas más sencillas que hay, con la que os puedo asegurar que triunfaréis sí o sí. ¡Vamos allá!

INGREDIENTES:

-200 g. (8 barritas) de chocolate Nestlé Postres (suelo usar éste, pero podéis probar con cualquier otra marca)

-100 g. de azúcar

100 g. mantequilla

-100 g. de harina

-75 g. de nueces

-3 huevos

-1 cucharada de levadura en polvo (uso Royal)

PREPARACIÓN:

-Antes de poneros manos a la obra, debéis calentar el horno a unos 170-180 grados. Si tenéis horno con ventilador usadlo porque para repostería funciona muy bien.

-En un cazo derretid la mantequilla con el chocolate, ambos troceados, a fuego muy bajo para que el chocolate no se estropee. Si lo tostáis no servirá para nada porque se altera el sabor y el olor. Os recomiendo que lo hagáis así y no en el microondas porque es más complicado calcular el tiempo. De esta forma lo estáis removiendo en todo momento y sabéis cuando retirar la mezcla del fuego.

-Una vez alejada del calor, suelo verter la mezcla en un bol. Es el momento de que  añadáis el azúcar, los huevos batidos y las nueces picadas o troceadas. Prefiero la segunda opción porque me gusta que se noten en cada bocado. Mezclad todo bien.

-A continuación, añadid la harina y la levadura tamizadas. Para ello podéis utilizar un colador, aunque podéis encontrar tamices específicos para repostería que resultan muy cómodos. El mío, de acero inoxidable, lo compré en Ikea por menos de 4 euros. En repostería es vital tamizar las harinas, levaduras e incluso a veces el azúcar más fino para que no se formen grumos. Acostumbraos a ello porque aunque es un poco engorroso os aseguráis gran parte del éxito.

Untad con mantequilla una fuente cuadrada o rectangular que pueda meterse en el horno y a continuación verted la masa anterior.

Hornead durante unos 25 minutos. No es necesario que el centro esté completamente seco, podéis dejarlo ligeramente húmedo. Así que os recomiendo que comprobéis con un palillo, aguja de calcetar fina o punta de un cuchillo el punto de cocción pinchando en distintas partes del pastel.

-Una vez retirado del horno, dejad que pasen unos minutos y cortad el bizcocho resultante en porciones cuadradas. Lo podéis comer frío o templado, solo o acompañado de una bola de helado de vainilla.

Y sí, yo también pienso que durante ese momento pecaminoso se puede parar el mundo.

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