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Sabía lo que iba a ver, es cierto, me lo temía, pero cuando tanta gente acude al cine -a pesar de que una entrada sin descuentos cuesta 9,70€ en Marineda City, en A Coruña- y habla maravillas de lo que ha quedado grabado para siempre en su retina, creo que tengo la obligación de darle una oportunidad a la película antes de hacer la crítica.

Es más, hasta voy a empezar por lo bueno.

Si vas a ver Lo Imposible, tienes que asumir que vas a llorar y que conste que esto no lo considero negativo. La magia del cine es esa, una conjunción perfecta de imagen, palabras y música  que te traslada lejos de tu vida cotidiana. Que una película pueda conseguir anular toda mi realidad para aceptar como propia la que  me ofrecen en esa pantalla gigante es increíble.

En este caso, no hablamos de una comedia, sino de las consecuencias de una gran catástrofe que se llevó miles de vidas en el sudeste asiático. Además, lo vamos a vivir en primera persona, a través de la historia real de una familia española que estaba allí de vacaciones en diciembre de 2004. Disfrutaban del sol y de la piscina cuando un terremoto desencadenó el tsunami que barrió la costa y, con ella, sus cuerpos, así que la emoción se presupone.

Si esas personas, como se ha encargado de difundir Telecinco, están vivas, entonces vamos a hablar de supervivencia y de superación, tanto física como psíquica, de la fuerza de la palabra amor y de la importancia que esta tiene sobre la vida y la muerte.

Lo verás y lo sentirás, te lo prometo. El director, Juan Antonio Bayona, ha hecho un gran trabajo.

Y todos los aspectos técnicos que pueda conllevar recrear algo de semejantes magnitudes superarán cualquier cosa que hayas visto antes. No encontré ni un solo fallo. En las panorámicas aéreas de kilómetros y kilómetros, no me di cuenta de qué era maqueta y qué no, donde estaba el escenario y las imágenes reales, ni siquiera percibí que hubiese manipulación digital. Las cámaras estaban perfectamente situadas para dar la sensación de que la ola te tragaba a ti yveías por debajo del agua. Francamente, ya sólo por esto merece un Oscar.

Sin embargo, pese a todo, habrá un pequeño porcentaje del público que permanecerá distante respecto a la historia, por varias razones.

La primera y más común es que hay personas que tienen un límite de absorción de carga emocional. Si una situación es de por sí trágica y terrible, no hace falta que se añada música, aunque sea tan bonita como la que ha creado Fernando Velázquez, al igual que tampoco es conveniente abusar de los silencios largos y prolongados o saturarla de imágenes dramáticas encadenadas por segundos. Todo esto hace que la película pueda resultar grimosa, sensacionalista y, en consecuencia, exagerada y falta de credibilidad.

La segunda, es la escasez de guión. Su autor, Sergio G. Sánchez, se ha quedado corto. Hay más imágenes que diálogo. Parece más un vídeo de lo que pasó, que una historia llevada al cine y es una pena porque los personajes están soberbios en sus papeles.

Por ejemplo, después de ver en televisión la charla que mantuvo la madre superviviente, María Belón, con la actriz Naomi Watts; con pocas palabras recibí el mensaje principal de la historia, el mismo que aparece en el título de la película y que en ningún momento sale reflejado con tanta fuerza en el film.

¿Qué es lo que parece imposible? Muchas cosas. El que ocurra la catástrofe así, de una forma tan repentina y brutal, es una de ellas. Que además te pase a ti precisamente, que estás tranquilo y relajado, de vacaciones; un ciudadano europeo acostumbrado a ver ese tipo de escenas en telediarios, mientras comes tranquilo en tu casa y todo sucede a miles de kilómetros de tu hogar. Sí, parece imposible que te vaya a tocar a ti.

Pero lo más increíble es que logres salir indemne de ello, no sólo tú, sino también toda tu familia, cuando aún no se han contabilizado los muertos. En esos momentos, María Belón se pregunta por qué. Qué diferencia hay entre ella y los que han fallecido y se siente terriblemente culpable por vivir. Además, si eres una persona creyente, hasta se tambalea tu propia fe.

Todo eso se ha sugerido en la película de una forma casi imperceptible y en cuatro segundos de entrevista lo he entendido a la primera.

Además, hay otros temas secundarios que también pasan de puntillas. Es sumamente interesante el papel del hijo mayor, Lucas, interpretado por Tom Holland, un adolescente egoísta -aunque sólo lo deducimos por dos escenas contadas antes de la catástrofe- que va a madurar de repente.

(Spoiler) En esa evolución, el momento más significativo ocurre después de la gran ola, cuando él discute con su madre tras oír el grito de auxilio de un niño. Ella quiere rescatarlo, él no.

Las dos respuestas no dependen de la edad de los personajes, son las distintas formas que el ser humano tiene de enfrentarse a situaciones límite. Uno rompe con la moralidad para garantizar la supervivencia de su familia y de sí mismo. El otro deja a un lado lo suyo, por ayudar a los demás. Son decisiones que se toman rápido y donde sólo el azar determinará el que sean correctas o no, porque también se corre el riesgo de perderlo todo. Si ganas, la felicidad es inmensa, pero si pierdes, te arrepentirás el resto de tu vida. Todo eso lo va a vivir Lucas (fin del spoiler)

Otro tema que merecía más tiempo es el de la aceptación de la muerte, que introduce con un personaje anónimo, la actriz Geraldine Chaplin, en un diálogo con los niños pequeños del matrimonio, mientras miran las estrellas. Son unos segundos sin sentido que podrían tenerlo todo y se quedan en el intento.

Sí, sin embargo me gusta como está tratada la desesperación del padre de familia, Henry, a quien da vida Ewan McGregor, que pierde las tablas y lo vemos convertido en un desecho de inseguridad, rabia y dolor. Sus emociones lidian con su papel de protector, que, posiblemente, por primera vez, no sabe qué camino tomar (spoiler) y cometerá un grave error (fin del spoiler)

Es una pena que no pueda decir lo mismo cuando la película se refiere a la perspectiva de los habitantes de la zona o la de los voluntarios sobre la catástrofe. Sólo salen unos instantes, los primeros, mientras ayudan a María para llevarla a un hospital y los segundos van corriendo de un lado para otro, organizando a la gente sin que les otorguen mayor relevancia.

Un fallo bastante grave, (spoiler) ya que la familia protagonista, aunque lo pasó terriblemente mal, sólo estuvieron allí tres días, ya que pronto dispusieron de un avión para irse de allí gracias a su seguro (fin del spoiler), pero cómo afrontaron la situación aquellos que se quedaron allí atrapados durante meses, los que perdieron seres queridos, su propia casa -una chabola hecha con tablas- y todas sus pertenencias. Qué puede llegar a sentir un médico local, una enfermera, un soldado o un miembro de una ONG en medio de esa impotencia, cómo elige a quién salvarle la vida. O también podría salir, sin hacer grandes esfuerzos, las injusticias y abusos que se cometen en medio de estas situaciones, como los raptos de niños huérfanos, para traficar con ellos.

Creo que todos esos aspectos podrían haber sido tratados disminuyendo las imágenes de impacto para dar voz a los invisibles. Ya que no la encuentran en los medios de comunicación, por lo menos que la tengan en el cine.

Pero bueno, a pesar de los fallos, todo lo que sirva para ablandar el corazón e impulse la solidaridad entre las personas, es loable.

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