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Las navidades o los cumpleaños son un tedio para muchos porque implican el tener que hacer regalos. De hecho, una buena parte de ellos se hacen sin sentido y por obligación. Como diría Sheldon en la serie Big Bang Theory, es una norma social. Así clasifica él todas esas reglas relacionadas con los buenos modales y la educación que no alcanza a entender y que no se someten a la lógica de la ciencia.

Él, que es un físico superdotado de unos 25 años y fan de Star Treck, padece el síndrome de Asperger, entre otros muchos trastornos, por lo que no entiende nada de sentimientos. Para colmo, pasa la mayor parte del tiempo con otros tres científicos jóvenes tan singulares como él.

Sin embargo, Sheldon tiene una vecina, Penny, una chica inferior en cuanto a inteligencia, según él, pero que domina las relaciones sociales y le da lecciones todos los días.

Precisamente, sobre los regalos, hay un capítulo en el que Penny se propone hacerle un regalo de Navidad a Sheldon. Este se pone nerviosísimo cuando se entera, porque él nunca regala nada, lo considera una pérdida de tiempo, pero en sus rarezas, para él es aún más insoportable no respetar la norma social de corresponder con un regalo similar.

Se pasa la mayor parte del capítulo rompiéndose la cabeza para saber qué regalarle a Penny que se encuentre en la misma categoría de lo que ella podría regalarle a él, en cuanto a peso, calidad, número… Al final, consigue encontrar algo, ayudado por sus amigos, que responda a varios de los casos hipotéticos que podrían darse y se encuentra totalmente preparado para el momento crucial. Peeeero…

No hace falta que diga lo que Leonard Limoy, el actor que dio vida al Señor Spock,significa para Sheldon.

Para regalar no hace falta gastar dinero, es una cuestión de tiempo y sentimientos, de dedicar al menos un día de tu vida a pensar en otra persona. Implica olvidarse de uno mismo, de tus gustos y preferencias, para imaginar qué podría hacer feliz al otro y expresarle con un objeto, un dibujo o unas palabras lo que significa para ti. No hay mayor felicidad que la que genera el que te demuestren lo mucho que te conocen y te quieren.
Mi madre, por ejemplo, lo pasa fatal cuando tiene que regalarle algo a mi hermano, porque le cuesta mucho llegar a imaginar lo que le puede hacer ilusión. Sin embargo, yo que he jugado con él, sé que a los dos nos gustan las “frikadas” originales, con un punto de humor, surrealistas o relacionadas con el mundo de la informática. No importa que tengan o no utilidad, lo importante es el diseño, la ocurrencia, el símbolo.

 

Como buenos hermanos, competimos muchas veces y tenemos grandes piques, él como representante de la ciencia, por ser informático, y yo, como la representante de las letras, por haber estudiado periodismo. Nos encantan los juegos de ingenio y habilidad, tanto de mesa, como los videojuegos y a los dos nos puede la fantasía, la intriga, el misterio y la investigación.

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Sin embargo, si tuviera que elegir algo para mi amiga Cari, de la universidad, posiblemente le compraría una pluma antigua, porque ella ama tanto las letras como yo. Le gusta la caligrafía que se crea en el papel, ese trazo particular, que define agilidad y diferentes presiones. Escribir con pluma es muy parecido a pintar, solo que dibujas palabras.


También le gustan los juegos de escritorio, porque los relacionamos con el periodismo, los gansters, Frank Sinatra, los sombreros de los 50-60… La visión romántica del mundo al que pertenecemos.

Y las Vespa (aunque no tenemos ninguna), porque pensamos en Audrey Hepburn y en “Vacaciones en Roma”. Significan la libertad, la alegría de vivir, la juventud…

Ese mismo espíritu aventurero también lo tiene mi amiga Geli, con la que puedes pasar horas hablando de viajes. Al igual que a mí le fascinan las cosas hechas a mano, exóticas y únicas. A ella le encantaría una túnica como esta y siendo rubia como es, los tostados y dorados le favorecen muchísimo.

Las dos también compartimos la pasión por el té, que ella me prepara cada vez que voy a su casa con su tetera moruna de metal. Precisamente, mi amiga Carapuchiña me regaló este año por mi cumpleaños una cestita de tes especiales, con mermelada y tostadas con caramelo, que degusto muy poquito a poco, porque tienen un sabor muy especial.

Carapuchiña es una de las personas más creativas que conozco. A las dos nos gusta la fotografía, los libros, el teatro, el cine, las manualidades… Para ella escogería una de las libretas de hojas blancas de la imprenta Star, pintadas a mano, para que anotara en ella sus cientos de buenas ideas. Elegiría el dibujo y el color y querría formas circulares o caóticas, porque así se enredan los pensamientos.

Isa también es así, pero además con ella comparto un puntito infantil, de vestidos de colores, broches de muñecas y estampados de flores, regados con chistes de Gila, cuentos de Gianni Rodari y las aventuras de Alicia en El País de las Maravillas. Ella también me prepara un té exquisito con una pizca de chocolate, galletas con formas de estrella y corazones y unos muffins de infarto. Hace unas semanas me dijo que necesitaba un “Tú y yo” para nuestras meriendas, yo le regalaría este de la cafetería Veracruz.

Igual de original sería con Catuxa, coqueta y divertida donde las haya. La última vez le regalamos unos pendientes artesanales hechos por las chicas de Perfumería Ariadne (Sanjurjo de Carricarte, 9, bajo. El Burgo), que compartían stand en la feria Coruña Wapa con las creaciones de Zig Zag. Apuesto lo que queráis que a mi amiga Andrea, Elena y Ana también encontrarían allí algo que les gustase.

De igual forma, a mi madre, una mujer alegre y elegante, la haces feliz diciéndoselo con cosas bonitas. Para ella, los complementos son un placer. Los pendientes, las pulseras, anillos, relojes, fulares… Otra pasión compartida. Siempre encuentro algo bonito en EsteOeste.

Eso y un buen libro siempre se agradece. Sobre todo nos gustan las novelas con personajes femeninos de carácter fuerte. Una afición que nos viene de familia, porque también la compartimos con mi tía Lolita y mi prima Sonia. Así es que formamos cadenas de libros que nos prestamos las unas a las otras y que además, y en mi caso, también me recomiendan otras mujeres: las chicas de la librería Nós, que siempre tienen el libro perfecto para la tarde perfecta.

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Son tan buenas, que hasta en el escaparate ya saben qué libros tienen que poner para hacerme entrar.

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Uno de esta serie, el de Venecia, me lo regalaron mis compañeras del periódico, que también se saben de memoria mis gustos. Como yo también sé que la otra amarena quiere un collar de nuestra amiga Denisse, diseñadora de su propia firma, 8008-d. Este le pega un montón. ¿Verdad?

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Para mí es un placer regalar. Nunca me gusta ir el día antes a comprar un regalo y tampoco soporto los grandes almacenes, que hacen todo en serie. Además, elijo con cuidado los papeles para envolverlos, hago mis propios lazos y pongo etiquetas bonitas si las encuentro.

El mejor momento, sin duda, se produce antes de rasgar el papel, porque con el empaquetado ya se dicen muchas cosas y se percibe la ilusión del “qué será”, luego el ansia por ver lo que hay detrás y después, la sorpresa y esa boca abierta de lo que no esperabas jamás y que te deja sin palabras porque han pensado en ti… Impresionar no es fácil, pero tampoco es muy difícil. Qué me dices, ¿aceptas el reto?

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