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En Amarene no sabemos vivir sin el cine, aunque supongo que eso ya lo sabíais. Somos frikis de la gran pantalla y desde hace tiempo, como en un ritual, quedamos para ver todas las películas nominadas a los Oscar y debatimos, como en la 2, a favor o en contra de directores y actores. Los Globos de Oro son un gran referente y con ellos analizaremos, por etapas, lo mejor de la cartelera para que no os perdáis ni un solo detalle. ¿Tenéis las palomitas? Pues poneos cómodos que hoy tenemos triple sesión.

  • MEJOR PELÍCULA DRAMÁTICA: “ARGO”
  • MEJOR DIRECCIÓN:  BEN AFFLECK

No llega a excelente, pero es una buena película. En primer lugar, porque se atrevió a basar su guión, escrito por Chris Terrio, en una historia real sobre un tema muy delicado, la revolución islámica de Irán y la posición de EEUU ante el ataque a su embajada en Teherán, en 1979. Para ello se basaron en un artículo del redactor Joshuah Bearman, publicado en la revista Wired. Esto resulta arriesgado porque es muy fácil caer en errores de documentación y en una visión patriótica que ensalce a EEUU frente a los “malvados iraníes” (aconsejo ver o leer “Persépolis” para comparar). De hecho, hay fallos y puedes jugar a encontrarlos, pero teniendo en cuenta la trayectoria de Hollywood en este aspecto… Bueno, Ben Affleck, como director, ha hecho que mejorara la cosa bastante. Eso sí, debería dedicarse a esto solamente y dejar el papel protagonista a un actor más expresivo que él. A poder ser, que se pareciera a Tony Méndez, descendiente de mejicanos y agente de la CIA, lo que enriquecería la película culturalmente. Él solo, en la vida real, tuvo que apañárselas para dirigir una operación de rescate que salvara a los diplomáticos americanos atrapados en el país persa.

Pero volvamos a lo bueno. Como decía, la recreación del ambiente, los personajes de la historia y la sucesión de los hechos en dos países a la vez están muy bien trabajados. Las noticias reales de archivo se van intercalando con total naturalidad tejiendo la trama.

Hay escenas en las que el silencio dice muchas cosas, pero no ralentiza el tiempo de la película, sino que aumenta el dramatismo y la tensión, combinado con los momentos de acción. Las imágenes están muy medidas y son perfectas.

En seguida el espectador entra en la historia y participa viviendo el miedo y el suspense como una víctima más. Pero justo cuando sufre, aparece el punto de comedia. En forma de autocrítica, la inutilidad del Gobierno de EEUU y los trapos sucios del mundo del cine es lo que hace a la película especial, sin lugar a dudas. De esto último son responsables los actores John Goodman y Alan Arkin, en sus desternillantes diálogos.

No sé qué papel jugaría en todo esto George Clooney, que se ocupó de la producción, pero vamos a darle a Ben un notable. Su proceso de maduración artística progresa adecuadamente.

No hay ninguna canción del musical de “Los Miserables” que no me guste, con lo cual, la película, para mí, tenía las de ganar antes de empezar a verla, incluso a pesar de que todos los diálogos son cantados (menos tres o cuatro frases), yo no me canso, al contrario.

Victor Hugo creó una obra maestra y eso quiere decir que por mucho tiempo que pase, siempre será comprendida, apreciada y admirada. Por otro lado, desde su adaptación a musical en 1985, fue representada más de diez mil veces en el Queen’s Theatre del West End de Londres, con lo que ya digo bastante. El amor, la libertad, la justicia, el bien y el mal nunca pasan de moda.

En este caso en concreto, el director, Tom Hooper (El discurso del rey), ha intentado condensar músical, cine y literatura, y lo ha hecho bastante bien, dada la dificultad de síntesis que eso conlleva. Es verdad que noté cierta brusquedad en los cortes de las escenas -había que encajar todo en dos horas- y una exageración dramática, en parte con el abuso del primer plano, que no era necesaria, ya que, como actores, Hugh Jackman (Jean Valjean) y Anne Hathaway (Fantine) están soberbios. Cantando es verdad que no llegan al nivel de las potentes voces del tenor y la mezzo-soprano, pero aún así lo hacen bastante bien.

De Russel Crowe (el inspector Javert) no se puede decir lo mismo, en su papel está un poquito rígido y la voz se queda coja, pero bueno, se lo vamos a pasar. Sobre todo, sabiendo que han sido grabados en directo mientras interpretaban. Aquí señores no hay nada de playback y eso tiene mucho mérito.

Una valoración aparte merece Samantha Barks (Éponine) y Aaron Tveit (Enjorlas), que sí que hacen que tiemblen los asientos, incluso con papeles secundarios. En otra línea, la cómica, Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen (los pícaros señores Thénardier) sorprenden para bien. Difícil contener la risa. Otra gran sorpresa es la que da el niño Daniel Huttlestone (el pequeño Gavroche), pasión pura por la revolución. El resto de personajes, como Amanda Seyfried (Cosette) y Eddie Redmayne (Marius) están correctos.

Además, los escenarios, muchos recreados virtualmente, generan una atmósfera muy poética, como de cuadro, y el vestuario, del diseñador español, Paco Delgado, es precioso.

Vi “Brave” dos veces. La primera me decepcionó bastante, porque confiaba mucho en los guiones de Pixar y los carteles de cine me habían encandilado, así que imaginé que la película trataría (¡por fin!) de una princesa guerrera que lideraría con su coraje a las huestes escocesas. Y no, no iba por ahí… Más bien, la historia habla de la familia y de las difíciles relaciones madre-hija.

Sí que hay magia, paisajes impresionantes y grandes dosis de humor, pero se parece muchísimo a otra película de Disney del año 2003. Preciosa, por cierto.

De todas formas, una vez recuperada del chasco, volví a echarle un vistazo acompañada de mis primas pequeñas y esta vez sí que me lo pasé bien. Ya acepté la historia tal y como venía y me fijé más en los detalles.

La calidad técnica es incuestionable, los estudios de animación se superan en cada largometraje y aunque la frondosa melena pelirroja de Mérida es una obra de arte, todo lo demás está casi al mismo nivel: la hierba, el agua, su caballo, las piedras del castillo, la ropa, las expresiones, los movimientos… Es un no parar de perfección y la banda sonora, creada por Patrick Doyle, está muy bien escogida.

Además, todos los personajes son graciosísimos. Los jefes de los diferentes clanes, que acompañan a sus hijos para que pidan la mano de la princesa, son tan brutos como entrañables y lo mejor es que sus vástagos no se parecen en nada a ellos.

Fergus, el padre de Mérida es el mejor caracterizado, con su tamaño descomunal, su nariz roja y sus ataques de valor, pierde los pantalones cuando su mujer, Elinor, aparece en escena. Pero mis preferidos son los trillizos, los hermanos de Mérida, que sin hablar logran tirarte de la butaca con sus caritas, su pomposo pelo y sus perrerías.

También la escena de la bruja, dotada de una gran visión comercial, es uno de los mejores momentos.

Por otra parte, los temas centrales, el deber contra la libertad; la lucha por imponer una decisión; el dolor que puede llegar a causar la rabia, con sus palabras hirientes; la importancia de reconocer que uno se ha equivocado y cómo interviene el amor en la resolución de conflictos son situaciones que suceden en casa todos los días y que nadie, hasta ahora, ha logrado retratar tan bien. Así que, yo también admito mi error, la prejuzgué demasiado rápido. Es una gran película.

Y eso es todo, esperamos que hayan disfrutado de la experiencia cinéfila hasta la próxima sesión. En breve, Lincoln y Django desencadenado. Prometido.