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Estamos en una época en la que las desgracias parecen rodearnos, cuesta abrir un periódico o ver un telediario sin cabrearse o sentirse frustrado.

Muchos de mis amigos o conocidos están desempleados, al igual que yo, con brillantes currículos y muchas ganas de trabajar, pero hay pocas ofertas de empleo y la competencia y las exigencias son altísimas. Cuando llevas años en esta situación, después de muchos esfuerzos sin resultado, te cansas y empiezas a avinagrarte.

Mario López Guerrero en la conferencia sobre motivación. Foto de Juan Diego Pereiro.

Respondes de mal humor, desconfías de todo el mundo, porque hay muchos que quieren aprovecharse de tu trabajo sin pagar por él y piensas que la gente se alegra de que te vaya mal, porque para los que están en ese pozo, puede ser un consuelo.

Podría hacer un retrato muchísimo más completo que este, pero de todo lo que puede llegar a pasar por nuestra cabeza, lo peor es que asumas la derrota, que tires la toalla y te quedes como un vegetal, contemplando la vida sin vivir en ella.

El óxido puede avanzar más rápido de lo que crees y cuando quieras reaccionar, posiblemente ya sea demasiado tarde.

No podemos esperar a que la situación política se resuelva, ni van a llover empleos de la noche a la mañana, pero tenemos dos brazos y un cerebro que sabe pensar. No es necesario nada más.

Todos podemos generar ideas, muchas muy buenas. Hasta tenemos más de un talento, seguro, pero estamos dormidos. Demasiado acostumbrados a recibir órdenes. Es cómodo, es automático, no exige grandes esfuerzos mentales. Un gran error.

Te propongo solo una cosa: por un momento vamos a dejar de hablar de los demás, echamos a un lado las críticas y las quejas y  vamos a pensar en qué somos buenos y qué podemos aportar para mejorar nuestro entorno.

¿Lo tienes? Bien.

¿Puedes encontrarle un sentido comercial? ¿Podría interesarle eso a más gente?

¿Sí?, estupendo.

Participantes trabajando

Pues eso es lo que han hecho en la iWeekend Galicia más de 30 personas en WeKCo, espacio de coworking en A Coruña.

En este evento, sin ánimo de lucro, cinco emprendedores presentaron sus proyectos ante varios asistentes sin saber lo que les esperaba. La sorpresa fue mayúscula.

Encontraron manos abiertas, dispuestas a colaborar, compartieron con ellas experiencias, problemas y temores, juntos contrastaron ideas y crearon otras nuevas. Todos demostraron sus capacidades, su energía y su empeño. Y ahora mismo, pese a que el evento terminó el pasado sábado, me consta que siguen en contacto para crear empresas que de otra manera puede que no hubiesen llegado a existir. Y sería una pena, porque hacen mucha falta.

Los requisitos han sido no juzgar, apoyar y creer en los demás, abriendo caminos en la mente que antes no existían y bajando las duras cejas defensivas para relajarlas con risas.

Estas jornadas, que ya han tenido lugar en otros países y en otras ciudades, propiciadas por emprendedores, han generado, en solo un día y medio, trece horas de productividad y una ola enorme de motivación, esa que va creciendo cuando te sientes útil, comprendido y se valora tu trabajo. Pero no solo eso, también hay muchos que se encuentran aislados porque no pueden hablar con sus amigos o su familia de temas profesionales, bien porque estos no son de su sector, no tienen conocimientos sobre ello, son tan negativos que echan abajo cualquiera iniciativa o porque no tienen vocación.

La vocación es una alegría y una maldición. Cuando estudias algo por esta razón, quiere decir que esa materia forma parte de tu felicidad, así que, cuando no la encuentras en tu vida, siempre tendrás la sensación de que te falta algo.

Hay muchas cosas que podría valorar de estas jornadas de las que formé parte, pero si me tengo que quedar con una, es con la alegría y la inmensa felicidad de los ojos de muchos que pudieron volver a hablar de sus pasiones, fueron entendidos y ahora siguen soñando.

Por mil y una iWeekends!!

*Vídeos realizados por Innoav


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