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Antes de que surgiera la crisis económica, me acuerdo de que en mi tiempo libre, cuando quedaba con mis amigos, hablábamos de libros, de cine, de viajes, anécdotas del fin de semana, historias del trabajo…

Ahora hablamos de políticos ineptos, corrupción, evasión de impuestos, empresas que cierran, EREs, lo larga que es la cola del paro y la emigración. “Negro, el futuro está muy negro y mañana no va a ser mejor”, concluye una voz en off al final.

La verdad es que, en mi caso concreto, como periodista, mi futuro ha estado negro siempre, ahora solo está peor. Y cuando vuelvo a casa, después de esas charlas, solo pienso en la urticaria que tengo y en lo bien que se me iría con una revolución.

Pintada en Matogrande. A Coruña.

Hace mucho que no leo los periódicos ni escucho voluntariamente los informativos, pero me entero de todo. La voz del pueblo se encarga de ello:

“Alemania perdió dos guerras mundiales y ahora está ganando la tercera. Toda Europa débelle diñeiro”, comenta un señor de 75 años al bajar del tren. “Te digo yo que si no fuera porque es infanta, le iban a perdonar hostias”, escucho en el gimnasio. “Y ahora a Méndez le quitan una medalla mientras los de las preferentes se comen los mocos. Era pouco matalo”, en la frutería. “El otro día, un amigo fue a un restaurante por una oferta de trabajo de camarero y la cola daba la vuelta a la plaza”, en el bar.

Más o menos, calculo que en un día puedo oír una media de 20 comentarios de este tipo. Casi todos se refieren a situaciones que están por encima de nosotros y que no podemos cambiar de forma inmediata, lo que deriva en ansiedad, apatía y desmotivación y en que digamos cosas como:

“¡¡LA VIDA ES UNA MIERDA!!”

Dibujo de Mr. WonderfuckY marcamos las es para que sea más grande todavía.

Afortunadamente, y como dice mi amiga Carapuchiña, “este país sobrevive gracias al sentido del humor”.

Tiene toda la razón, la rabia y el odio tienen que salir por algún lado y esa es la opción más sana. Si no fuera por los miles de chistes que hay en Twitter sobre la actualidad política, habría pedido antes la nacionalidad canadiense. “El Jueves” nunca lo había tenido tan fácil.

Pero debajo de esa sonrisa que tan bien caracteriza a los españoles, hay una herida muy grande y conozco a muchos profesionales con talento que se resignan y dejan de luchar por lo que quieren.

No me extraña, después de varios años sin encontrar trabajo, gastadas ya unas cuantas velas y rosarios; cuando el dueño del kiosco te regala las fotocopias de tu CV por pena y cubres de memoria los formularios de recursos humanos cual “pinta y colorea” -pérfidos malditos, cómo que error en el guardado, su put(..) madre. Esa situación en la que tienes cursos de horticultura y natación sincronizada en el haber, junto a otros 150 de variedades, que ya no sabes cómo hacer hueco para que te quepan en dos hojas y has superado alguna entrevista con requisitos de espectáculo cirquense, en la que, uuuuyyy, casi llegas a finalista:

– ¿Sabe usted swahili?

– Sí.

– ¿Y chamicuro?

– No, pero eso no venía en los requisitos de Infojobs –alegas sorprendido.

– En Infojobs, dice… -mientras teclea en el ordenador- Cha-mi-cu-ro. Ahora sí figura.

Cómo no vamos a estar hasta los huevos.

Aún así, no es que sea optimista -que lo soy, aunque ahora no os lo esté pareciendo-, es que ¿cuál es la otra opción?, ¿quedarse en la cama a esperar a que pase el día?

Dibujo de Mr. WonderfulLas cosas no se arreglan por sí solas, qué más quisiera yo que tener una varita mágica para hacer feliz a todo el mundo. Ojalá fuese verdad eso que he leído por ahí de que si deseas algo con fuerza, la vida te lo dará. Entonces es cuando pienso en mi Ferrari por las costas italianas…

Olvídate, esa oportunidad que estás esperando, puede que haya dos o tres -repito, soy optimista-, si no sales a la calle, si no haces cursos y aprendes cosas diferentes, si no conoces gente nueva, si no te preocupas TÚ de automotivarte (¡como sea!, haz cosas que te gusten y si no te gusta nada, ¡prueba todo!, ¡algo te gustará!) y no cierras ese grifo. Ya sabes, ese maldito grifo interno que no suelta más que gilipolleces (Ay, es que doy pena. Es que no estoy preparado. Es que soy muy mayor. No voy a dar la talla… ¡¿Pero cómo no vas a estar preparado?! ¡Si tienes dos manos estás preparado!, ¡incluso con una o ninguna!, ¡solo con voluntad, ya estás preparado!), en conclusión, decía, si no te mueves, te oxidas, ¿y qué es oxidarse?, pues que cuando llegue esa oportunidad, como no estarás acostumbrado a los cambios, a hacer entrevistas, a improvisar… tu ansiedad y tu nivel de estrés será tan grande, que te entrará el pánico y puede que se te escape de las manos.

Esto lo digo por mi propia experiencia vital, hacer el ridículo unas cuantas veces es estupendo contra los nervios, y, por otro lado, porque le ha pasado a una persona a la que quiero. Alguien muy inteligente, con mucho que ofrecer, pero, ¡maldita sea!, lo que todos ven, esa persona no lo ve en sí misma.

– Es que tú no lo entiendes –me dijo- Tú eres una luchadora. Siempre estás haciendo cosas. Si tienes un bache, te recuperas y nunca te quejas de nada.

– Pues no, eso es lo que tú ves -le contesté– Soy una persona normal y corriente, con sus subidas y bajadas, sus aciertos y sus grandes meteduras de pata. Algunas veces mataría por no hacer nada, pero sí es verdad que cuantas menos cosas hagas, menos querrás hacer, por eso prefiero hacer alguna y los fines de semana, descanso.

Nunca me levanto con una sonrisa, JAMÁS; si me cabreo, escupo fuego y cuando estoy triste, no me oirás llorar, porque me aíslo para no contagiar a nadie.

Todos nos sentimos alguna vez frustrados, agobiados, vulnerables, cansados, desprotegidos… Lo que pasa es que nadie lo reconoce porque se considera una debilidad, aunque realmente ser capaz de soltar tus preocupaciones es una fortaleza. Eso sí, con un límite. Desahogarse, pero levantar la cabeza después y pelear. Si no, qué sentido tiene…

¡¡ASÍ QUE YA PUEDES IR ESPABILANDO!! -le grité riéndome.

Buenos momentos, siempre los hay, esto tampoco es un infierno y si te esfuerzas por encontrarlos, podrás verlos. Al fin y al cabo, la vida no es solo blanco y negro, en realidad siempre está llena de grises.

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